miércoles, 31 de agosto de 2011

CARTA ABIERTA A LOS DIOSES

Hacedores del universo:

Ha amanecido nuevamente, el sol me ha pillado desvelado y ojeroso, hoy martes primero de marzo de un año más de miserias; y sigo con las mismas dudas de anoche, con las mismas incertidumbres de la adolescencia, con las mismas preguntas de mi niñez –signo inequívoco de que el paso del tiempo sólo me ha hecho más viejo-. Ha amanecido y ya no sé por qué el sol se empeña en iluminar nuestras precarias vidas.

Pienso, mientras escribo estas líneas, en la podredumbre que he visto a lo largo de mi vida; y al tiempo de pensarlo me invade la impotencia y la rabia. Porque ustedes, oh Todopoderosos de la purulencia, tienen sus corazones rotos y sus labios ajados; llevan bajo su omnipresencia toda la culpa de nuestros errores, todos los castigos arrojados a los inocentes. Porque los he visto, he visto como los inocentes pagan altísimos precios por sus errores, por su ignorancia, que no viene a ser otra cosa que la inocencia de la moral, la inmaculada postura del daño no medido.

Y mientras ustedes: Yavé, Alá, Ahura Mazda, Wiracocha; se rascan la barriga y ponen a prueba al hombre hasta dejarlo exhausto. Y el hombre, que ha puesto su vida en manos de tantos incompetentes, llora y sufre clamando alivio, piedad, comprensión; mas ustedes: Jehová, Dios, Zeus, Kishna, Maradona, Bob Esponja; son incapaces de armonizar el universo que tontamente crearon. Y exigen, exigen rezos, cánticos, óbolos, ofrendas y plegarias; exigen golpes de pecho y búsquedas internas que nunca terminan. Por un maldito minuto de felicidad inoculan tantas exigencias que resulta imposible respirar un segundo sin sentir algún grado de culpa. Cada dotación de oxígeno es un motivo para enrostrarnos la vida.

Quisiera decirles tantas cosas, quisiera tener la claridad para efectuar mis reclamos y mis cuestionamientos. No preguntarme sobre la caca de Dios como Kundera, sino reclamar, ser lo suficientemente certero como para ponerlos de rodillas o contra la pared. Porque qué es eso de los castigos, qué es esa tontería del karma, qué es esa estupidez de la penitencia y el ayuno, esa necedad del ramadán y tantos otros mecanismos destinados a limitar nuestras libertades. De dónde viene tanta ira, tanta incomprensión, de dónde viene esa incapacidad de desarrollar empatía hacia sus creaciones. Antes de preguntarme sobre la caca de Jesucristo, debo preguntarme sobre la soberbia de Ustedes, arquitectos del universo, divinas majestades, sabidurías excelsas... cerdos ególatras incapaces de sonreír.

Hay que tener una mente retorcida, hay que tener una obsecación infinita para no darse cuenta que el hombre ya no puede más. Hay que gozar de un sadismo desmedido para crear la vida y esperar veneración y gratitud eterna. Nadie nos preguntó si queríamos estar aquí, y nos sueltan en este “valle de lágrimas” sin importarles si somos lo suficientemente capaces como para seguir sus estrictas regulaciones.

¿Y la maldad?, ¿el diablo y sus derroteros?, ¿y los hombres que creen ser dioses? Excusas insensatas para plegarnos a una lucha de la que muchos no queremos ser partícipes, porque simplemente no nos da la gana o porque no es nuestro asunto. Y sin embargo padecen de una indiferencia infinita en lo que a luchas humanas se refiere ¿Dónde “demonios” estaban cuando los indios fueron casi exterminados en América Latina?, ¿en qué rincón celestial se encontraban durante la camboya de Pol Pot, la españa de Franco, la alemania de Hitler, la argentina de Videla, la yugoslavia de Milosevic? ¿Era aquello un signo de su incompetencia o una severísima amonestación a no sabemos quiénes? Aquellas no son más que pruebas de que si Ustedes existen, son tan imperfectos como los humanos; y es que después de todo, estamos hechos a su “imagen y semejanza”.

Son tantos los reclamos, es tan larga la lista de miserias que ha tenido que soportar la humanidad, fue tan largo el silencio de Ustedes durante el menosprecio hacia las mujeres, tanto tiempo callaron mientras los hombres esclivizaban a distintas etnias. Hemos derramado tantas lágrimas para aprender por nosotros mismos el camino de la convivencia, y aún tenemos muchísimo por aprender; tan sólo necesitamos que nos den un respiro.

Y vienen con esa basura del conocimiento interno, llegan Ustedes, dignatarios imperiales del espíritu, cuando la cena está servida para reclamarnos más fervor… ¡Qué fácil!

No planteo mis reclamos como el abanderado de la indignidad, ni ostentando el cargo del más decente representante de la humanidad; soy probablemente el más común de los humanos, el más cualquiera de mi especie. Porque soy toda la especie humana, la más entera y la más excluyente, y en mí se anidan todas sus facultades, y represento -como todos los hombres- todos sus tropiezos. En mí habitan todas las aristas de la humanidad y también todos sus crímenes, porque como Sartré, me siento el más cualquiera de los cualquiera; sería un despropósito reconocer la existencia de un Da Vinci, y negar la humanidad de un Torquemada. Soy el cántaro que contiene todos los vicios de la humanidad, y al mismo tiempo, todas sus conquistas. Soy continente y contenido.

Porque de eso se trata después de todo, ¿cómo castigar al genocida que ustedes crearon?, ¿qué sentido tiene ensañarse con el violador que fue violado?, ¿para qué asesinar al asesino que Ustedes no asesinaron? Si un Truman llegó a la tierra para ponernos a prueba… ¡Qué maldito examen al que los japoneses fueron sometidos!

Y para no alargar más esta misiva berrinchuda, me despido deseando que gocen de la misma salud que la humanidad goza, y esperando que si alguna vez deciden manifestarse, háganlo con la humildad que otorga la sabiduría, y la empatía necesaria para compadecerse de una humanidad que cada vez necesita más ayuda y menos fervor.

Atentamente

La más cualquiera de sus creaciones

Miguel García

1 comentario:

  1. muy buena semblanza.

    Aunque mas alla de estos dioses ceelstiales u olímpicos tenemos a algunos nuevos dioses, el dinero, el sexo , etc.

    Que nos dominan, nos subyugan en esta sociedad consumista.

    Saludos.

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